Gota a gota

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Una de las consecuencias, quizás una de las más graves, que está trayendo el cambio climático, es qué con el aumento de temperatura, para muchas tierras de cultivo, el agua se ha convertido en algo así como oro líquido.

Las hambrunas, van de la mano con las sequías, que poco a poco, están acabando con los acuíferos naturales, por ello, dentro de, poco el regadío, al menos el tradicional, va a ser una entelequia en muchas tierras de cultivo.

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Y España no está mejor

La falta de lluvias del año 2017, generalizada en casi todas las regiones españolas, ha sido la peor desde hace muchos años, superando incluso a la producida entre los años 1991 a 1995.

Las consecuencias son muchas, y las hemos visto durante el pasado año: falta de agua en los pantanos que alimentan tanto la red de agua potable como los regadíos, subida del recibo de la luz por la imposibilidad de generar electricidad en los saltos de agua, y un largo etcétera.

Tecnología española al rescate

Por lo tanto, estamos en una situación de crisis, pero eso, no tiene que ser necesariamente malo; aquí conviene recordar que el ideograma japonés, que significa crisis, está formado por dos grafías, una de ellas significa peligro y la otra oportunidad.

Y esta oportunidad, da la posibilidad de desarrollar ideas imaginativas, para supera esta crisis: controlar el riego de una explotación agrícola, desarrollo de cultivos que gastan un 90 % menos de agua que otras especies más tradicionales, o gestionar un cultivo de fresas en medio de una gran ciudad.

Una de esas tecnologías, que se desarrollan al 100 %, desde su ingeniería a su fabricación, en la piel de toro, son los pivotes de regadío, que podemos ver cuando conducimos por las carreteras españolas. Esos pivotes, a la vista solo estructuras metálicas en los campos de cultivo, permiten la irrigación de amplias extensiones de cultivo, con unos costes menores que el riego tradicional, además de lograr un regadío «quirúrgico»

Algo más que unas estructuras metálicas

Lo que a simple vista, pueda parecer unas líneas de tubos metálicos, están formadas por componentes de última tecnología; son algo más que unas estructuras con las que se fijan puntos de irrigación.

Estos pivotes de regadío, contienen sensores de presión, movimiento y temperatura, y la energía eléctrica que necesitan para su funcionamiento, proviene del sol, una de las energías limpias por excelencia.

Por otro lado, el control del regadío de amplias extensiones de cultivo, a base de pivotes de regadío, se monitoriza con aplicaciones informáticas, y últimamente también se han generado esas aplicaciones para dispositivos móviles. Ahora ya es posible, desde un simple teléfono inteligente, controlar el regadío, y también otros parámetros, de una finca de cultivo, independientemente de los cientos de hectáreas de que disponga.

Proyecto Gaia, BQ se acerca al agro

La tecnológica española BQ, uno de los «unicornios» con los que cuenta el sector en España, ha iniciado el Proyecto Gaia, que pretende acercar al sector agrario las nuevas tecnologías.

El objetivo es claro: mejorar el rendimiento de las tierras de cultivo, para lo que BQ ha comenzado su labor, centrándose en el cultivo de champiñones, donde es primordial una buena gestión del regadío, para que los plantíos no se echen a perder.

De hecho, desde que se inició Gaia, los ingenieros de BQ, se han apercibido que el hábito de regar de noche, habitual en el sector, no hace sino perjudicar las plantaciones de ese hongo. Los perjuicios del riego nocturno, son de muchos tipos: desde desaprovechar el líquido elemento a gastar mucha más energía, pasando por acabar devastando la cosecha, dejándola en un estado que impide su comercialización.

El trabajo conjunto de la empresa fitosanitaria Cital con BQ, ya ha logrado, que el precio de los pivotes de riego, se haya reducido de los 3.000 euros que costaban hasta ahora, a 600 euros.

Esta reducción de costes, ha provocado que ya sean muchos los agricultores, que se han decido a adoptar ese sistema de regadío, en un sector, como es el agrario, anquilosado en las formas de regadío que se inventaron hace más de un siglo.

Son muchas, alrededor del mundo, las tecnológicas que están desarrollando tecnologías novedosas y limpias, para el desarrollo agrario, como es el caso de John Deere, que ya tienen en el mercado el primer tractor eléctrico.

Agaricus bisporus

BQ ha decido centrarse en el cultivo del champiñón, porque sacar adelante un cultivo de ese hongo, es casi una cuestión de fe, por lo delicado que el cultivo de esta especie, muy apreciada en la gastronomía española.

El champiñón solo crece en unos ecosistemas muy determinados: necesita estar en un lugar con poca luz, y con unas condiciones de humedad y temperatura muy controladas, ya que cualquier cambio en esos dos parámetros, puede llevar al traste con la cosecha.

Cuando estos cultivos de champiñones, se realizan de forma industrial, el coste es muy alto, precisamente porque hay que estar controlando al milímetro, los niveles de agua y de humedad en el ambiente. Lo primero que ha hecho BQ, para abaratar el cultivo del champiñón, ha sido recoger una ingente cantidad de datos, de cómo se gestiona el cultivo de cosechas que han sido viables.

Entre los datos recogidos, se encuentran la humedad, la temperatura, emisiones de CO2 del cultivo y otro tipo de parámetros, necesarios para que se pueda lograr, una buena cosecha de este «maná» de color blancuzco.

Además de mejorar la viabilidad de lo plantado, los datos recogidos por BQ, ya están permitiendo crear estrategias de cultivo, que mejoran la calidad de los champiñones plantados, así como su «vida útil» comercial.

Además, los pivotes de regadío, que también está desarrollando BQ, se basan en la filosofía «Open Source», tal como está implantada desde hace décadas en el sector tecnológico, lo cual ha logrado un mejor producto a un menor coste.

Uva de la vieja parra

El sector vitivinícola, también es un sector agrario en el cual, si lo que se quiere es lograr una buena añada, tienen que estar controlados una gran cantidad de variables: temperatura, humedad o meteorología, por citar solo tres.

Estos cuidados, se tienen que extremar, debido al omnipresente cambio climático, que está provocando mayor temperatura ambiental, así como una menor pluviometría.

Debido a ello, ahora ya son fundamentales los datos de estrés hídrico de las viñas y el vigor de la vid. Datos que pueden ser aportados, como los anteriormente referidos, por sensores instalados en las explotaciones agrícolas. Otra solución puede ser optar por vides genéticamente modificadas; nuestros compañeros de Xombit, nos han regalado un extenso artículo sobre los transgénicos y sus beneficios.

Explorando los viñedos

Se trata de un proyecto de la Universidad Politécnica de Valencia, con el nombre de Vinescout, que ha creado un vehículo autónomo, impulsado por energía solar, que puede transitar por los viñedos, recabado todos esos datos.

El vehículo autónomo, es capaz de medir dos variables esenciales para la calidad de los caldos, que se lograrán tras el procesado de la uva. Estos dos datos, vitales, son la cantidad de nitrógeno de la uva y su punto de madurez.

La financiación para el proyecto, proviene de la Unión Europea, y todo parece indicar que de aquí a tres años, esto es, en el 2021, ya estará disponible la primera versión comercial del vehículo.

Sensores en las plantas

Se trata de un proyecto de la Universidad de Iowa, que ha logrado, con sensores fabricados a partir de grafeno, «colocar» sensores en las plantas, para saber la cantidad de agua que tiene cada arbusto, determinando así la necesidad, o no, de regadío.

Los sensores han sido fabricados en grafeno, y son unas láminas adhesivas, con un grosor de cinco nanómetros, esto es, un grosor 20 veces más fino que un cabello, y que han sido fabricados por impresión en 3D.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos, se ha interesado por esta novedosa tecnología, y está financiando el proyecto con 470.000 dólares. Quizás si en el 2014, estos sensores hubiesen existido, se podrían haber instalado en los olivares, haciendo más barata la producción, y habiendo evitado la caída en picado de la producción del aceite de oliva en nuestro país.

Selección genética

Los sensores diseñados por la Universidad de Iowa, son capaces de determinar el tiempo que la planta tarda en absorber y distribuir el agua

Esos datos, se pueden aplicar para potenciar ciertas líneas genéticas de plantas, que hacen un uso más eficiente del líquido elemento.

El camino que se abre, con estos sensores, cuya fabricación a base de grafeno es baratísima, es insospechado, debido a que se podrían generalizar casi a cualquier tipo de cultivo. Además, se podrían fabricar sensores, para cada tipo de planta, debido a que como se producen por impresión en 3D, su tamaño y forma se puede modular de una manera muy sencilla.

Por otro lado, se trata de una tecnología, que no solo se puede utilizar para el sector agrario, sino que puede tener otros muchos usos, tantos como productos necesiten incorporar sensores de tamaño y grosor muy reducidos.

Como vemos una vez más, la tecnología se alía con uno de los sectores imprescindibles para nuestra vida, esto es, el cultivo de los alimentos que luego llegarán a nuestra mesa. Y eso en unas circunstancias, que como ya hemos citado en otros artículos, donde cada año que pasa es más difícil poder alimentar a la población mundial, que no hace sino crecer.

Quizás lograr una mayor producción de alimentos, dependa de la mayor tecnificación de de las explotaciones agrícolas; de hecho, en Japón ya hay granjas robots que gestionan los cultivos y su cosecha.

¿Eres agricultor y el regadío es uno de tus «quebraderos de cabeza»? ¿Informático que quiere desarrollar productos para el sector agrario?

Aprende de esas materias, y de muchas más relacionadas con la tecnología y el sector agrícola, en los cientos de artículos que puedes encontrar en Voltaico y en el resto de los blogs de Difoosion.

Fuente: El Confidencial / ABC

Imagen: Joby Elliott / Andrew Gould / University of Delaware / Dwayne Madden / pxhere / Witbox Russia / Jacob Reyes / I. A. Walsh / Rachael Towne / Shinya Suzuki / Liz West / Suzi Rosenberg / israeltourism / Do the things you cannot do / Feed My Starving Children

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