Así es Signal, la aplicación que utiliza Puigdemont

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El último día de enero ha venido cargado en nuestro país. Apenas unas horas después del amago de investidura de Carles Puigdemont, unos mensajes del propio político exiliado en Bruselas saltaban a la primera plana de todos los informativos, diarios y similares. “Me han sacrificado”, le decía a uno de sus compañeros de exilio, Toni Comín.

La exclusiva, desvelada por El programa de Ana Rosa, dejaba una postal más que curiosa. La conversación fue captada por un reportero del programa, que obtuvo imágenes directamente del teléfono de Comín. Y estas eran de un sistema de mensajería poco o nada conocido: Signal.

¿Qué es Signal?

La aplicación en cuestión es un sistema de mensajería más como WhatsApp, Line o Telegram. Su diferencia con estas más conocidas radica en la seguridad que ofrece a sus usuarios. Tanto que es la usada habitualmente por Julian Assange o Eduard Snowden y, en España, por muchas formaciones políticas.

La seguridad de Signal viene dada por su principal característica: el cifrado ‘end to end’. Conocido en español como de extremo a extremo, permite que al crearse una conversación haya una especie de llaves para interlocutor. Al estar estas solamente a disposición de los participantes del chat, si los mensajes son captados por un tercero, este no será capaz de descodificar los datos para leerlos.

Signas tiene otras muchas funcionalidades que contribuyen a la seguridad de la aplicación. Algunas de ellas son, por ejemplo, ocultar la IP de los terminales, resetear el sistema de cifrado cuando se detectan amenazas sobre una posible intervención, o desactivar la previsualización de los archivos adjuntos enviados. Además, también permite que los mensajes se autodestruyan tras un cierto tiempo.

Pese a ello, la manera en que se descubrió la noticia nos deja una clara moraleja. Y es que ya puede poner la tecnología a nuestra disposición todos los sistemas de seguridad que sean, que nunca serán eficientes sin la ayuda del hombre. Así lo demuestra este caso, pues pese al celo en sus comunicaciones con el expresidente catalán, Comín terminó cayendo con todo el equipo de la manera más sencilla posible.

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