Las pantallas en las ciudades como fuente de socialización

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Lo hemos visto hace pocos días en Almería. La misa de funeral del pequeño Gabriel ha sido retransmitida para todos los almerienses que han querido acercarse a la plaza donde se situaba una pantalla gigante para que todos los que han participado en su búsqueda y han sentido ese gran dolor que ha dejado su muerte, pudiesen asistir, de alguna manera, a su adiós. Y es que cada vez es más común usar pantallas led para eventos, para acercar realidades y celebraciones de todo tipo, no necesariamente tristes.

La tecnología ha cambiado radicalmente la forma en la que se hace la comunicación en todos sus sentidos. Por parte de los mismos medios, con la necesidad de actualizaciones constantes y agilidad en el contraste de la información, y por parte de las instituciones, la administración pública o cualquier otro actor que tenga una participación importante en la vida pública.

Como se ha visto en más de una ocasión, ahora la sociedad tiene la sartén por el mango; ahora tiene voz y tiene voto y las TIC, las redes sociales y la digitalización en general han conseguido romper la barrera de la jerarquización que antes prevalecía y acabar con la comunicación unidireccional. Ahora es todo horizontal, ya no se lanza un mensaje y ya. Ahora el feedback existe de verdad, se puede estudiar a golpe de tuit, de retuit o de likes y dislikes.

Todo esto ha hecho que las personas, sintiéndose siempre cada vez más informadas, quieran participar más en la vida pública, que se les tenga en cuenta y que no se les excluya de eventos y episodios que consideran importantes a nivel personal y que estimulan el sentido de pertenencia, algo que define a la sociedad como tal y genera solidaridad, cohesión y unión.

Como cuando solo había una televisión en los vecindarios y todos se reunían en la casa de alguien o en el bar de la esquina. Ahora las personas lo vuelven a hacer, pero delante de una gran pantalla, en cualquier plaza de cualquier ciudad para compartir sentimientos y convivir ese hecho todo juntos, aumentando la demanda, como constata Visualled, una de las empresas del sector.

Se ha visto en el funeral del pequeño Gabriel y se verá este verano con el Mundial. Las pantallas llenarán las plazas emitiendo los partidos de fútbol de La Roja y será sólo una única voz la que marque los goles del equipo y lamente los “uys” y los puntos del contrario.

Porque el Mundial cae en verano; si no, quizá se reservarían algunos cines de las grandes ciudades como se ha hecho para la final de Operación Triunfo, que logró movilizar a miles de personas hasta las salas para animar a sus concursantes favoritos.

Y aunque la pantalla del cine no sea la misma que la que se ve al aire libre, siempre mejorada, el concepto de compartir la experiencia sigue siendo el mismo.

Además, estas pantallas también se han convertido en un elemento más de los edificios. Lo que antes se observaba con gran admiración en ciudades como Nueva York, Londres o Tokio ahora está al orden del día, estando presentes en la mayoría de las ciudades españolas.

Pantallas led sobre las fachadas que contienen publicidades o que contienen información de interés y útil para los ciudadanos que se estima que pasarán por delante, reposan en zonas comerciales también de Galicia, en tiendas y en edificios. En cualquier caso, no se contemplan solo como un soporte publicitario más. Esta tecnología ha dado una vuelta de tuerca más y se plantea también como un aspecto arquitectónico ornamental, integrándose completamente en el edificio como un elemento más.

En este sentido, es el Kursaal de Donostia/San Sebastián uno de los mayores ejemplos y más recientes. Con una inversión de 380.000 euros, esta pantalla está mimetizada con el edificio por lo que no supone un impacto visual.

Esta pantalla es, probablemente, la más grande del mundo, contando con 1.512 metros cuadrados, según explicaba el propio director del Kursaal a los medios de comunicación semanas atrás.

La idea es que estos metros de pantalla led no se utilicen como espacios publicitarios como ocurren en otras fachadas de zonas comerciales, si no que estén vinculadas directamente con la actividad o espectáculo que se esté celebrando en el momento.

El Kursaal, mundialmente conocido por el Festival de Cine de Donostia, acogió 272 eventos – entre espectáculos y otros eventos profesionales -durante 2017 y esas actividades generaron un impacto económico a Donostia/San Sebastián y a Gipuzkoa de 48 millones de euros.

En este sentido, es muy probable que la existencia de esas pantallas generen también más actividad en los bares y negocios de la zona y a medida que sigan evolucionando, como se ha visto en la última feria del sector celebrada recientemente en Amsterdam, la experiencia visual y social cada vez será mejor, recuperando espacios públicos y generando mayores vínculos en una sociedad que parecía cada vez más individualista.

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