Los robots autónomos y armados ya son una preocupación mundial

¿La realidad superará a la ficción de Terminator 2?

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Seguro que alguna vez has oído hablar – posiblemente para mal – de la NRA o Asociación Nacional del Rifle, una agrupación norteamericana que hace del derecho constitucional de poseer un arma un motivo de orgullo. Desgraciadamente, las noticias de sucesos y estadísticas no dejan de constatar que tener un arma no solo no hace que estés más seguro, sino que los incidentes armados se disparen. Pues bien, a ese problema social se le une uno más, procedente de los tiempos en los que vivimos: los robots asesinos.

Tanto es así que se ha iniciado una campaña para intentar frenarlos, la llamada Campaign to Stop Killer Robots, un movimiento no gubernamental global que llama a los gobiernos a prohibir las armas autónomas y ya han llegado a la ONU, donde han expuesto todos los problemas que estas armas podrían suponer para la humanidad si se implantan. Las guerras son fatales per se, pero con un arma inteligente que no duerme, ni se alimenta ni tiene el archiconocido error humano, puede ser el fin.

Así, esta semana se ha firmado un tratado en Ginebra llamado la Convención sobre ciertas Armas Convencionales en este sentido. Todos parecen reconocer el peligro potencial de los robots autónomos armados, pero pocos son los que dejan de investigar en este campo. En menos de cinco años, podrían ser una realidad en las filas de algunos ejércitos.

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Los desafíos de los robots autónomos armados

Seguro que al leer lo de robots autónomos armados, Robocop te ha venido a la cabeza. Pues salvando las distancias con la película de los 80, es algo así: estas mortíferas máquinas seleccionarían los objetivos por si mismos y se encargarían de derribarlos. Ni un ápice de dudas o compasión por la vida humana, después de todo, son robots desalmados.

Pero como sabrás, en los conflictos bélicos no todo vale: hay leyes de guerra, amparadas por el derecho humanitario internacional. Los Convenios de Ginebra son su máxima expresión. ¿Cómo podrán cumplirlas si no tienen juicio? ¿Si no son capaces de distinguir el bien del mal? Y es que habrán nacido para matar. Un robot no sabría responder con una fuerza proporcional a un ataque y no podría programarse para ello porque son cuestiones que van más allá del cálculo. Entra en juego la ética y el sentido común.

Los robots armados son el arma letal definitiva

Afortunadamente, todavía no existen, pero los científicos dan a este avance menos de un lustro para su desarrollo. China, Israel, Rusia, Corea del Sur, el Reino Unido y Estados Unidos son las principales potencias armamentísticos mundiales y probablemente se encuentre entre esa terna de países el pionero en llevarlos a cabo, si alguien no hace nada para evitarlo.

Las armas autónomas también ponen sobre la mesa otra pregunta: ¿quién sería el máximo responsable de los ataques perpetrados por estas? Si cometen un error fatal que causa la baja de civiles, ¿de quién es la culpa?

Además, si el desarrollo de robots autónomos armados se convierte en una estrategia militar común, ir a la guerra será una cuestión de tecnología e investigación, o lo que es lo mismo: una cuestión de dinero. Un país rico podría desarrollar un ejército de robots y aniquilar objetivos sin que ello le costara el sacrificio de mandar a sus soldados a la guerra. Un precio muy barato para lo que supone.

Todos estas cuestiones son expuestas por la campaña Stop Killer Robots, que insta a los países de todo el mundo a actualizar el derecho internacional a esta amenaza, haciendo valer los derechos humanos. Expertos, líderes y premios Nobel de la Paz lo tienen claro:

El mundo necesita frenar la creación de estas armas porque una vez que se incorporen al los arsenales de guerra, será demasiado tarde.

¿Cómo puede evitarlo la ONU?

Como ya ha sucedido con las armas químicas y las bombas nucleares, no será tarea fácil. Las Naciones Unidas buscan una salida y sobretodo, que todos los países se comprometan a cumplirla. 23 países ya han llamado a prohibirlas, algo que podría hacerse efectivo el año que viene. Otras naciones como Francia o Alemania quieren establecer una serie de guías para limitarlas. Finalmente, los más permisivos opinan que ya existen herramientas legislativas suficientes.

Una gran divergencia de opiniones que solo tienen un nexo común: es necesario que haya control humano sobre el uso de su fuerza. Somos los humanos los que debemos decidir en última instancia sobre la vida y la muerte. El tiempo corre en su contra. Antes de que nos demos cuenta, las armas autónomas habrán llegado a los escenarios de combate

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